28/3/09

Vuelta a las andadas

Aviso: este post no es un intento de entrar en Blogs de Badajoz ni en la liga Asobal.

Necesitaba esto. Hoy me apetece mi ciudad. Hace tiempo me propuse conocerla y salí a pasear y a perderme por las zonas que menos conocía de ella, es algo que me encanta, aunque no sabría indicarte por ningún sitio, mi maldición es que voy siempre a mi historia sin fijarme en los nombres de las calles, suelo recordarlas por las canciones que estaba escuchando cuando anduve por ellas. Paseos kilométricos, a veces hasta Portugal, otras hasta la estación de trenes, donde me quedo mirando los destinos y preguntando precios para viajar a algún pueblo cercano y conocer sus calles. Lo haré. Nunca planeo cuánto voy a andar o hasta dónde o a qué hora es posible que esté de vuelta, todo va según cómo esté de ganas, es una desconexión absoluta, siempre son horas y horas. A veces me llevo un libro y paro en mi parque favorito a leer un rato. Shadows collide with people en el mp3 y a andar. Carvel se sale bajando la autopista y todo es colorido hoy, la primavera y su felicidad contagiosa, me da la impresión de que podría volar con solo levantar los brazos... no hace calor, pero estuve atento al pillar mis gafas de sol, el cielo va despejándose poco a poco. Aunque el frío me gusta más que el calor intento pisar la calle lo mínimo los meses de frío, no suelo pasear mucho con tanto viento y no me gusta la sensación que me deja en el cuerpo, pero hoy tenía ganas de verdad, ni la lluvia ni el frío podrían haber evitado esto... suerte que el día acompaña. Y me apetecen estas calles, todo está vivo y transmite una sensación de tranquilidad. La gente y sus vidas, ¿qué estará pasando por la cabeza de ese niño? Me gusta pararme a mirar a mi alrededor, lo bueno de caminar sin rumbo es que puedes cambiar de dirección a cada paso y suelo aprovechar los semáforos en rojo para apoyarme en ellos con la típica postura chulesca de quien se enciende un pitillo, mirar hacia los lados, hacia arriba, al horizonte, a las caras de los que caminan hacia acá y hacia allá... todo estimula la mente. El truco de Frusciante es su mano derecha, esos ritmos entrecortados son difíciles de lograr si no estás acostumbrado y son lo mejor. La vida está dentro de nosotros, pero también está aquí fuera. Ahora me abstraigo completamente, como en un sueño, ya me resulta imposible mirar a mi alrededor, las calles han encendido mi imaginación y camino con el piloto automático puesto, en trance, estoy teniendo ideas, me están llegando frases a la cabeza, un poco extrañas al principio, las voy desenmarañando. La gente que llena la calle se queda mirando a un presunto yonki, no sé por qué le miran, a mí me gusta, me gustan los yonkis, son verdaderos, arrastran el peso de su propia humanidad sin disfrazarlo, son como un mito literario viviente. El Puente Real. Siempre acabo en los puentes, me atraen, supongo que por cambiar de aires, la mayoría de las calles son iguales. Disfruto cada paso que doy por él, suena la que luego sabré que se llama 00Ghost27, es una locura, no la había escuchado antes, aunque encaja de una forma extraña y perfecta, es idónea para este momento, la canción hace del tirante del puente una especie de alucinación divina, lo convierte en algo majestuoso, febril, distorsionado, misterioso, de otro siglo... me hace recordar aquella peli, Mothman. Termina la canción y me paro a contemplar las vistas desde el puente, ¿quién dijo que esta ciudad era una mierda? Sigo al río hasta perderlo de vista. Este ritmo es muy británico. Me entretengo paseando por las calles de esta zona durante un buen rato, me gustan. Putas rodeando el casino a la 12 de la mañana. Se acabó el Shadows, ahora The Earth is not a cold dead place. El puente peatonal es de lo mejor de la ciudad, esa fila de farolas de otro tiempo, quienes lo cruzan, las vistas desde él... lo convierte todo en algo puro, romántico a la luz de estas nubes, trascendental, se respira blanco y negro, es genial. Y en el medio hay un saliente con unos bancos de piedra, uno de mis sitios favoritos de la ciudad. Me siento en uno de esos bancos de piedra a leer poemas de Mexico City Blues, me lo he traído para la ocasión. En frente el río, alzando la vista la Alcazaba preciosa, la de horas que habré pasado en ella ya con la guitarra. La guitarra, ojalá la tuviera aquí. Pero qué digo, si vengo de destrozarme los dedos con ella, este paseo me viene bien para darles un poco de tiempo a mis manos, para que se recuperen. Además, hoy no queda nadie. Nadie en la ciudad que aceptara mi propuesta de pasar la tarde allí. César lo disfruta igual que yo, Pedro adora las vistas desde allí y suele caminársela entera cada vez que vamos a dar guitarrazos, cuando he ido con Manu no hemos hecho demasiado y Sergio y Álvaro están fuera, ellos si que han hecho de la Alcazaba nuestra casa, la verdad es que son la compañía inmejorable. El otro día fuimos a la Alcazaba de empalme a pasar la resaca y David se durmió mientras le tocaba una melodía increíble y sedante que se inventó Sergieras, es muy relajante. Luego se despertó de un sueño tranquilo y feliz y dijo: ''ufff... tío... de puta madre''. La música le había dejado sedado, como drogado y me gustó ver que la canción hacía que quien la escuchara se sintiera tan bien. Todo el mundo volverá en un par de días y con ellos estos planes. Con escalofríos dejo de leer y me levanto de allí, degustando aún las metáforas, ya he dejado que me atraviesen palabras suficientes como para estar rumiando todo el día. Camino con ellas dando saltos en mi mente, sorprendido por su significado, son hermosas, son la verdad. Vuelvo a las calles. Esta gente es única, han mezclado jazz con crescendos clásicos y otros elementos que no suelen aparecer tocados por guitarras eléctricas y están demostrando que todo es posible. Son casi las 2 y en San Francisco están comiendo sardinas, el olor es genial, me recuerda a esos restaurantes baratos a pie de playa y me da por recordar el mar, me atrae sin explicación, entre el mar y yo hay una especie de tensión sexual no resuelta. ¿Y de dónde han salido todas estas mujeres increíbles? Cada parpadeo es un flechazo, desde chicas de mi edad hasta madres jóvenes, será mejor dejar de mirarlas, voy a pedirles matrimonio. Dios, qué locura. Míralas. Y el olor a sardinas, ufff, se me están mezclando demasiadas cosas, tengo que acelerar el paso y salir de aquí o acabaré en comisaría. Empiezo a notar el cansancio en el semáforo de correos, de los más concurridos de la ciudad, siempre. Todo el mundo mira mi pelo y sonríe, eso me hace sonreír. Tomárselo a mal sería estúpido. Esto es vida. El Corte Inglés hace que la zona me recuerde a Madrid. Hace más calor y este disco también se acaba. Bueno, ya estoy llegando a casa. He disfrutado de un paseo y de la ciudad, voy a escribir lo que he ido haciendo en este par de horas un poco por encima, escuchando otra cosa.


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